Le carnaval de Baranquilla (Colombie) analysé par des sociologues

Le carnaval de Baranquilla a été très populaire durant plusieurs années, il est avant tout le reflet de la croissance et des mélanges de population propres à Barranquilla. Depuis que la Fundacion Santo Domingo (une des plus riches familles colombiennes) s'y intéresse et depuis qu'il a été classé patrimoine mondial par l'UNESCO, de nouveaux acteurs entrent en jeu, avec de gros intérêts financiers et politiques. Mais il semblerait qu'il conservait une dimension populaire, plus dans un carnaval off, qui est alternatif sans être trop contestataire. Un carnaval gay s'est également mis en place. Elisabeth Cunin et Edgard.J. Guttierez ont recueilli plusieurs textes de chercheurs dans Fiestas y carnavales en Colombia un ouvrage paru en 2006 aux éditions La carreta social, en espagnol. Voici le texte d'introduction.

Este libro, Fiestas y carnavales en Colombia, retoma las ponencias que se expusieron durante las Jornadas de Investigación sobre Fiestas y Carnavales (16 y 17 de agosto de 2005, Universidad de Cartagena), las cuales se desarrollaron en el marco del convenio de investigación entre la Universidad de Cartagena, el Observatorio del Caribe Colombiano, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, y el Institut de Recherche pour le Développement (2004-2007).

El libro confronta y analiza los procesos festivos en Bogotá, Barranquilla, Santa Marta y Cartagena, estudiados a través de diferentes disciplinas (historia, sociología y antropología) y abre el camino a las comparaciones internacionales a partir del caso de la ciudad de Niza (Francia). Es importante subrayar las convergencias que aparecen entre los textos (influencia del crecimiento urbano y de la modernización económica, mezcla de rasgos culturales de diferentes orígenes, políticas de control de la sociedad, relaciones entre lo local y lo nacional, etc.), y la dimensión [para hablar de algo que se basa en la adición de varios análisis?] del análisis de lo festivo.

Nos pareció necesario también, darles espacio a los desacuerdos y a las contradicciones (por ejemplo, el origen de los carnavales, sus fechas de nacimiento que remiten tanto a elementos históricos como a la definición misma de las fiestas, dada por la investigadora o el investigador), no como deficiencias o polémicas, sino como reflejo de la complejidad de los procesos sociales y la capacidad del campo científico por integrar el debate. Este libro cuenta también con cierta diversidad formal, con una pluralidad de voces, con distintas concepciones del trabajo científico, que reflejan el estado actual de la investigación en Colombia y, en particular, en el Caribe.

La cuestión de la producción de las identidades (sean étnico-raciales, culturales, regionales, de género) fue objeto de varios estudios recientes en Colombia; este libro propone abordarla bajo un nuevo enfoque: la puesta en escena de las diferencias particularmente visibles en las fiestas y los carnavales. Trabajar sobre estos temas fue durante mucho tiempo considerado como “poco serio”; de hecho, fueron tradicionalmente marginados por las ciencias humanas y han sido abandonados a disciplinas con escasa legitimidad en el campo académico (estudios de folclor). Sin embargo, este libro quiere mostrar que, más allá de su supuesta superficialidad, fiestas y carnavales son reveladores de procesos sociales, culturales y políticos complejos y nos permiten estudiarlos a partir de enfoques originales. También confirma que todavía falta mucho por hacer y que es necesaria la realización de nuevos estudios sobre las dimensiones económicas de las fiestas y de los carnavales, sus relaciones con el turismo, las interacciones entre lo local y lo global, el papel de las políticas culturales y por supuesto las 3.730 fiestas mencionadas por Marcos González, que se realizan cada año en Colombia.

De hecho, las expresiones culturales son reveladoras del lugar concedido al otro en la nación, de los procesos de modernización social y política de las grandes ciudades del país, de las estrategias de control sobre lo popular y de la legitimación de un orden en construcción. Hoy, la importancia concedida por el gobierno a las fiestas, y también al turismo o al patrimonio (tangible e intangible), nos muestra hasta qué punto la cultura puede convertirse en una herramienta al servicio de una estrategia política de normalización y de reconciliación. Las festividades del pasado nos permiten analizar los procesos de imposición de un ideal de progreso y de un modelo de civilización moderna, de nacimiento de un orden moral republicano y de  producción de un nuevo ciudadano. Por eso, el carnaval desapareció de Bogotá y de otras ciudades del país, donde la construcción de un nuevo orden público pasaba por la represión de lo festivo, como expresión de lo salvaje (ver el concepto de biopolítica de Foucault, 2001). Al contrario, es interesante anotar que el carnaval empezó a crecer en Barranquilla y se transformó en Cartagena y Santa Marta como si, en adelante, la fiesta estuviera asociada a la costa, en un proceso de naturalización de los estereotipos. En otros términos, los textos reunidos en este libro, permiten un acercamiento novedoso al tema de la construcción de una nación jerarquizada, en la cual el Caribe sería incapaz de lograr el mismo nivel de desarrollo que el interior del país. Se abren también  nuevas pistas de investigación hacia el estudio de ciudades como Barranquilla, Santa Marta o Cartagena que, al contrario de Bogotá, lograron combinar la modernización urbana con la aceptación de la diferencia y la transformación política con el reconocimiento de la heterogeneidad.
 
Las políticas culturales, al volver visibles las diferencias, las legitiman o deslegitiman, y las reformulan. De hecho, ha ido intensificándose un proceso de transformación de prácticas culturales que se reclaman de un anclaje local a menudo presentado como una señal de “autenticidad” o de “tradición”, generalmente asociada al calificativo “popular” como lo muestran el dinamismo renovado de las fiestas de la Independencia en Cartagena (con los procesos de “revitalización” de las fiestas), el reconocimiento del carnaval de Barranquilla como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco o el renacimiento del Carnaval de Bogotá. Esta afirmación de las identidades locales, que moviliza la referencia a una cultura mestiza, cuestiona tanto el lugar concedido al otro –festivo, exótico, racializado– en el imaginario nacional como las “conexiones” globalizadas con las cuales se alimenta la afirmación de una especificidad (Appadurai, 1996). Las fiestas y los carnavales son escenarios que nos permiten observar los mecanismos de producción, cristalización y movilización de las categorías de pertenencia, en el momento preciso en el que la relación con el otro es objeto de una puesta en escena que acentúa sus características y revela las lógicas de la diferenciación. Es así como se ve la redefinición permanente, más que la desaparición, de la frontera entre étnico y no étnico, entre centro y periferia, entre desorden y control.


El término “identidad” ha sido utilizado y a la vez criticado por las ciencias sociales (Brubaker y Cooper, 2000); un enfoque calificado de “esencialista”, que hace énfasis en los procesos sociales de asignación de identidades colectivas, dio lugar a unos análisis que se reclaman de una lógica “constructivista”, y que estudian los mecanismos de aparición, normalización y transformación de estas “identidades” potenciales a través de las actuaciones y de los relatos. Las fiestas y los carnavales son, por excelencia, el lugar de la invención de las tradiciones, de la estetización de las diferencias [si suena muy mal, mejor quitar este pedazo], de la puesta en escena de los rasgos culturales. Es así como el interés creciente del turismo por las actividades festivas, muestra cómo estas últimas se convierten en una estrategia comercial para atraer al visitante. Esta instrumentalización se encuentra también en la escenificación de las  festividades nacionales, en particular las de la historia de Cartagena, que tienden a exhibir el espíritu patriótico, progresista y civil de los habitantes y al mismo tiempo, imponerlo y legitimarlo.
Si las fiestas y los carnavales son las manifestaciones de procesos sociales más amplios que los atraviesan (crecimiento urbano, migración de población, modernización económica, etc.), son al mismo tiempo el lugar de producción de nuevas prácticas y representaciones. El renacimiento del carnaval en Bogotá es un caso extremo que nos muestra que, más allá de la herencia del pasado, siempre hay que pensar, organizar y planear las expresiones culturales. Lo “tradicional” y lo “auténtico” también se inventan y la recurrencia de ciertos símbolos, personajes o actividades, corresponde más a la movilización local de características festivas globales, que a unas improbables continuidades culturales. Carnavales y fiestas se convierten en una industria cultural, con la llegada de los medios de comunicación y la presencia más fuerte de las empresas privadas, que contribuyen en la visualización de las diferencias a través de su mercantilización. Sin embargo, el consumo del otro, la evocación del mestizaje o la valoración de las diferencias, no eliminan las relaciones de dominación. La “prueba ácida de la hibridación” (acid test of hybridity), para retomar las palabras de Floya Anthias (2001: 630), reside en la respuesta de los grupos culturales dominantes, no solamente en términos de aceptación y apropiación de los productos culturales de los grupos marginales o subalternos, sino en su capacidad de abandonar o transformar algunos de sus propios símbolos y prácticas culturales hegemónicas.

Elisabeth Cunin
Institut de Recherche pour le Développement
7 de julio de 2006.


Han tenido el apoyo del Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CICTE) y de la cátedra de investigación “Ivo Seni Canata” de la Universidad de Cartagena. Intervinieron igualmente actores culturales de la ciudad, en particular representantes del Comité de Fiestas (Jorge García Usta y Gina Ruz) y de la Red de Educadores (Alfonso Arce), y participaron estudiantes de distintos colegios de Cartagena. Se reafirmó así la necesidad de favorecer los intercambios entre actores científicos y socio-culturales, contribuyendo, a través del tema de las fiestas, a una reflexión más amplia sobre ciudad y participación ciudadana.

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